Los dirigentes que impulsaban la independencia de los territorios latinoamericanos
emulaban los modelos de la Constitución estadounidense,
la Revolución francesa y las propuestas de la Ilustración. Estos
patriotas se pronunciaban en contra de las injusticias coloniales, la
desigualdad social y la dependencia económica. Sin embargo, todas
estas ideas quedaron frustradas.
Luego de las guerras de independencia, se desató otra guerra: la lucha
por el poder y el control. Pronto se puso en práctica la separación de
clases y el prejuicio racial en contra de los mestizos, negros e indígenas.
Los territorios que van desde México hasta la Patagonia, en
Argentina, se dividieron en Repúblicas Independientes, sin seguir un
plan común ni en lo político, social o económico.
El proceso de independencia se realizó por medio de la deuda externa.
Muchos de los líderes revolucionarios pedían préstamos para comprar
armamento y así continuar con la gesta independentista. América
Latina quedó independiente, pero también desolada, dividida y sin
recursos para explotar.
Poco a poco, cada nación empezó a competir y a luchar por la adquisición
de tierras, lo que llevó a grandes pugnas entre los propios latinoamericanos.
Centroamérica comenzó a exportar plátanos y guineos;
Venezuela y Brasil se destacaron por la exportación de café y cacao;
Argentina, por el ganado, y Chile, por la minería y el guano. El nuevo
modelo no rompió con el patrón de clases establecido en la Colonia, y
la clase dominante obtuvo los mayores beneficios.
Regiones autónomas dentro de los estados de América
América Central se declaró independiente en 1821, sin embargo la
necesidad de seguridad política y económica hizo que gran parte de
Centroamérica proclamara su anexión a México.
En 1823, México se proclamó como una República Federal, y de inmediato
Centroamérica adoptó el modelo, separándose de México y
convirtiéndose en la Federación de las Provincias Unidas de Centroamérica.
Estuvo integrada por las actuales Repúblicas de Guatemala,
El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica.
Los liberales de la región creían que el proyecto iba a convertir a la región
en una nación moderna y democrática, con capacidad comercial.
Sin embargo, empiezaron a surgir conflictos y guerras civiles que acabaron
con este proyecto constitucional. Poco a poco, cada región declaró
su autonomía con intenciones de organizar su propio gobierno.
Hubo varios intentos de unificar Centroamérica, como el de Francisco
Morazán en 1842, o el del guatemalteco Justo Rufino Barrios en
1885, pero ninguno consiguió su objetivo.


















